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Después de haber tenido mil ideas en la cabeza sobre qué hacer con mi vida una vez libre de las rutinas colegiales decidí rebelarme y aventurarme por los caminos excéntricos de la creatividad. Pronto supe que el diseño de modas era lo que realmente quería hacer, me hice adicta a los retos propios de este oficio y cada vez descubría nuevos mundos ocultos que no había imaginado. Me cautivó el potencial de protesta que reside en el diseño y el hecho de inventar un arte que pudiera ser llevado en el cuerpo como expresión personal. Cada reto es una carrera contra reloj, una carrera hacia una meta que una misma ha boceteado. Es sacar ideas que vuelan locas en el caos de la mente vistas aún más bellas en la realidad.

Mi estilo es muy diverso y siempre diviso inspiración en algo distinto. He encontrado inspiración en otras culturas y en épocas antiguas. Me cautiva lo clásico, el arte de la pintura, la fotografía y la naturaleza. Pienso que esta última tiene todas esas respuestas para las mentes inquietas que buscan una excusa para inventar y proponer algo nuevo. Le doy mucha importancia a los detalles, a los contrastes y a los trabajos hechos a mano. Detesto la gran mayoría de las telas sintéticas (aunque he tenido que usarlas por la falta de opciones textiles en el país) y si pudiera vestirme todos días de seda salvaje y hemp lo haría.

En busca de innovar y en un intento por aportar algo más al diseño, me interesé por la sostenibilidad y por dar con una moda más ecológica. Fue así como emprendí una investigación con la idea de buscar respuestas a la interrogante de cómo crear indumentaria más comprometida con el ambiente y las personas. Esto se ha convertido en mi pasión y no veo otra forma de continuar con mi carrera si no aporta algo positivo a la preservación del medio y a nuestro planeta en general.

Antes que la genialidad de alguien como Alexander McQueen, me han influenciado diseñadores que invierten gran parte de su tiempo en tratar de resolver los problemas ambientales ocasionados por la industria de la moda y en idear maneras de promover un diseño más profundo que evolucione de acuerdo a las necesidades que tendremos en el futuro. Katharine Hamnett diseñadora de modas inglesa y Sandy Black profesora del London College of Fashion son ejemplos de personas que me han motivado verdaderamente a pensar de esta manera. Ambas concuerdan con que es necesario desacelerar la moda y volver a enfocarla en la calidad.

Actualmente me encuentro planeando una colección más sostenible, basada en la elección de materiales naturales cuyo impacto negativo al ambiente sea menor. Mi propuesta es una moda que lejos de ser desechable y barata, tenga una mayor durabilidad y un diseño inteligente. Es más que un concepto de ropa ecológica, es una propuesta que incite a un consumo más responsable en el que la funcionalidad y la estética están estrechamente ligadas.

El reto más grande en el diseño de modas, antes que los múltiples desvelos y fines de semana frente a una mesa de patronaje o a una computadora o una máquina de coser, es lograr que a la gente le agrade tu propuesta. Se necesita de mucha observación y una habilidad para interpretar con acierto cada grupo en la sociedad. Pero una vez que se logra poner una colección en la pasarela el duro trabajo se olvida y esa adrenalina hace que no se vea la hora de volver a embarcarse en otro reto mas ambicioso todavía.
Valeria Livergood
Estudiante avanzada de la Universidad Creativa
8872-9442