
LA5o6

Paso número uno: desatar las anclas de la cortina metálica. Paso número dos: levantarla y abordar el bar. Una vez adentro te invaden los olores de la noche anterior, residuos de humo, candelas, cerveza. Monedas y objetos olvidados en el pegajoso recuerdo de la noche. Aún no llega nadie, fuiste la primera en entrar. Analizas cada centímetro de la cartografía del lugar y te preguntas ¿por dónde empiezo? Entonces se te viene a la mente la imagen de la escoba, vas por ella, pero en ese transcurso de pasos decides ir levantando botellas para dejarlas en un rincón de la barra.
Anoche hubo una fiesta. En la madrugada apagaron el pastel. Todo un bacanal, el pastel voló por las paredes y quedó plantado en el piso. Será difícil barrer en estas circunstancias, pero ya casi hay que abrir y estoy sola. No hay más remedio que empezar por el salón, estás contra el tiempo. Comienzas por las colillas y te dices a ti misma “qué mierda que es fumar”, entonces llega Pepe con aquel positivismo, cargado de verduras y colores.
Pepe ha trabajado en muchos restaurantes, cocina exquisitas paellas. Deja las verduras a un lado y me dice “hagamos algo, yo termino con el salón y vos me ayudás a acomodar las sillas”. El trabajo en equipo es mi favorito, te reís, te sentís acompañada, desempeñando la misión. En eso llegan los demás y con ellos, a los cinco minutos, el primer cliente.
¿Está abierto? Dice.
Bueno, estamos limpiando pero si no le incomoda, le podemos ubicar una mesita…
Pide un par de cigarrillos y una Rock Limón. Le bromeo, también es mi cerveza favorita.
Pasados unos minutos entra la siguiente mesa. Cuatro señores con corbata que preguntan si vendemos café. Entonces preparamos los cuatro chorreadores, lo hacemos de la manera antigua y aunque no vendemos repostería, también es rico tomarse un cafecito con un gallito de papa.
El barco se llena de clientes, proveedores y personas ofreciendo servicios de publicidad. El resto del día será parecido, de ahora en adelante te convertís en su bartender. Tendrás que asumir bien el puesto de psicóloga, consejera y amiga. Te interrumpirán por otra cerveza cuando la conversación de la barra esté buena. Pero luego es fácil reincorporarse y volver a reír.
Luego hay que salir al salón y limpiar los ceniceros, poner más servilletas, cosa que es muy buena para los clientes, cosa que es muy buena para mí porque así aprovecho a preguntar quién quiere más.
Quisiera terminar de contar mi día, pero una chica me pide una birra michelada. ¿En la botella? No, en el vaso. Y me digo a mi misma qué mierda, acabo de acordarme que no tengo jugo de limón.
Ya vengo, voy al Más x Menos…
Comentar este artículo