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Te quedabas en la cama, dando vueltas y vueltas, con siete almohadas encima y la ropa bloqueada en la memoria de tantas fotografías. No estabas bien, no te sentías bien. Amanecer con cualquiera de los dos pies era irrelevante si el sol pesaba y el día se te convertía en una bomba con cuenta regresiva. Y aún así, contra el reloj, debías correr a la oficina, deseando que la gente no notara tu presencia ni leyera en tu rostro que te sentías mal. Obviabas los espejos y las puertas de vidrio, y como de costumbre, la mejor decisión para iniciar un cambio era no desayunar.
Encendías tu computadora y revisabas aquel mail, el de la dieta post–año nuevo, la repasabas, comprabas media tonelada de manzanas, jugabas a que adelgazabas, -adelgazabas- y una vez terminada la dieta, pecabas un poquito, sólo un poquito, más o menos un chocolate, un par de birras y un chifrijo. Y al día siguiente regresaba la tortura al espejo. Entonces te echabas a llorar, lo habías intentado todo, te pasabas el año rebotando de dieta en dieta. Generalmente lo que te dictaba la moda de las chicas Cosmopolitan.

Conforme pasaban los días, no sólo recuperabas el peso temido, sino que el mismo se trasformaba, convirtiéndote en una especie de mutante. Realmente lo habías intentado todo, desde vendas frías, hasta la combinación más exacta de las hierbas de la India. Y qué exagerado tu cuerpo, no era para tanto, no comías tanto. De hecho no desayunabas y el almuerzo lo hacías algo moderado. La tarde no era gran cosa y la noche, bueno, en la noche te comías un "sanguchito" y picabas tonterías frente al televisor.
Se manejan dos grandes colecciones al año, con alrededor de 80 piezas cada una, donde se ofrecen looks que van de los años 50 a los 80. Hay muchos vestidos de los 50, vestidos con estampados de los 60, enterizos marineros de los 70, y vestidos con volantes y lentejuelas de los 80.
Te quedaban dos opciones: o la anorexia extrema o empezar a trabajar. La anorexia es una moda autodestructiva y el trabajo una práctica para aprender a amarse con paciencia. La verdadera belleza del ser humano radica en la autenticidad. Lo primero que se debe hacer es una reflexión, conocerse a sí mismos e indagar esa diferencia que nos hace distintos a los demás. La persona del espejo no existe, sólo existe la que puedes tocar, la que vive y logras ver en tu interior. Debes tocarte el alma y decirte con rigor -quiero bajar de peso- y lo vas a lograr. Las dietas son una fachada, es bien sabido que lo que realmente ayuda, aunque es el camino más largo para obtener resultados, es alimentarte bien. Para ello hay profesionales en la salud que pueden ayudarte a seguir un plan, acompañado de ejercicios, lo cual no significa que debas convertirte en el mejor deportista de la noche a la mañana.

Debes empezar poco a poco, pero con el corazón al pie de la guerra. Quítate las máscaras y los complejos; empieza a mostrar tu verdadero yo, el guerrero. Y aunque no llegues a obtener el cuerpo perfecto que dicta el estilo social, obtendrás la actitud perfecta, no sólo para demostrar que eres auténtico, sino para contar con la fortaleza de vencer muchos obstáculos y salir adelante con todo.
Paola Valverde Alier
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